Nunca te fies de las apariencias
July 18th, 2008 por junker367
Las diez de la noche de un Martes. Primavera en Zaragoza. Yo en mi coche acompañado y circulando, dirección a cenar.
Arranco y al momento, veo por el retrovisor un coche que se cambia de carril muy imprudentemente. Hace zigs-zags sin sentido. Semáforo colorado. Me paro. El coche justo detrás. Bajo la ventanilla, y el estruendo del chumba-chumba rechina en mis oídos, haciéndome maldecir la gente que lleva una discoteca en su coche, discoteca para uso y disfrute del vecindario. Me pregunto si el presidente de la comunidad, habrá contratado semejante servicio de discomovil. Subo la ventanilla.
Arranco, y circulo por una enorme y recta calle de 4 carriles. El discomóvil se pone pegado a mi matrícula trasera, y empieza a acelerar y frenar, acercándose y alejándose peligrosamente hacia mi. Distingo al “rival”. Opel Astra GSI. Capó que parece de fibra de carbono, pero en realidad solo son unas pegatinas. Neones morados en los bajos del coche. En un cambio de carril, veo unas llantas desproporcionadas, de mínimo 17″, para sus 150cv. Suspensión claramente bajada, y muy pocas ganas de conducir, no así de pilotar, queriendo demostrar un talento innato para el mundo de ser el más rápido a los mandos de un bólido de carreras, cual tres veces campeón, Ronnie Beck.
Debo acelerar en una incorporación de un vehículo. No hay problema. El Astra cree que me he picado y he entrado a su juego, y empieza a acelerar como si la vida le fuese en ello. Al adelantarme tal aberración, observo asientos bacquet Recaro, y un volante marca Momo. Le ha modificado el escape (aunque imagino que será el embellecedor) y dentro del habitáculo también está lleno de neones morados, dignos del local donde trabaja Marisa, aunque dependiendo el precio, puedes elegir su nombre y llamarla como quieras.
Seguimos con un chumba chumba que no hace más que acentuar mi dolor de cabeza producido por el día que he llevado, y es que tantas horas seguidas delante de un ordenador, no pueden ser buenas.
Semáforo en rojo. Le da por frenar en el último momento, provocando una espectacular chirriada de ruedas. Freno y me pongo en el carril de al lado. Le miro. Un chico joven. Va solo. Ventanillas bajadas. En su radiocassette hay más lucecitas que en las ferias de fiestas de mi pueblo, para las que quedan poco más de un mes. Observo el coche. Un fantástico motor, empotrado en un magnífico chasis, digno de la palabra OPEL seguido de GSI, enturbiado, manchado y mancillado por un esperpento semejante. El alma del coche, moriría con la última pegatina de NOS que le puso en la puerta, amén de las que ya hay, de Kony, Eybach, Momo, Sparco y Recaro.
El individuo empieza a acelerar en vacío mientras me mira. Le ignoro. Mi acompañante se descojona de la escena hace media hora ya. Miro hacia otro lado.
El individuo me pita y me mira. Le miro. Me indica con señas que baje la ventanilla. Obviamente, pretende una carrera. Lamentablemente, recuerdo que en estas situaciones, no se puede decir que mi coche pase inadvertido. En ningún momento pretendo entrar en una competición, aunque por la cabeza, se me pasan las opciones de una hipotética carrera. Él tiene más potencia, pero yo tengo mejor agarre, aerodinámica, y sobre todo, tamaño de llantas y preparación de gomas. Eso me facilitaría mucho la salida.
Rápidamente, despejo de mi mente cualquier atisbo de competición. Accedo a mantener un diálogo con él. Bajo mi ventanilla, y le respondo con un escueto:
¿Querías algo?
Su contestación fue:
Si tío. Perdona, pero viniendo detrás tuya, me he fijado que llevas la luz de posición trasera izquierda fundida. Ten cuidado, que al ser de noche, se te puede confundir y puedes causar un accidente por falta de visibilidad. Además, si te pilla la policía te pueden multar. Convendría que lo cambiaras cuanto antes, por seguridad.
Se quedó mirándome, esperando mi contestación, pero allí estaba yo. Inerte, inmóvil, pasivo, estático, petrificado, incluso pálido me atrevería a decir.
El semáforo se puso en verde y el Astra arrancó, siguió su camino de la misma forma negligente que había demostrado segundos antes. Allí seguía yo, semi-paralizado, intentando arrancar y seguir mi marcha. Silencio. En mi coche sólo silencio. Tomé una curva y agradecí al Astra su consejo con una leve ráfaga, a la cuál, amablemente respondió.
Esa noche cené kebab. Muy rico. La salsa picante me repitió un poco. A las dos horas, tomaba mi cama, intentando organizar mi cabeza para el día siguiente, pero por ella, por mis pensamientos, sólo habia una divagación: “Que lección más gorda me habían dado.”



Juasssssssssssssssssss
Doy fe, pero es el coche es que era de malote total…vaya pinticas…
me parto!muy buena la historia!